domingo, 29 de julio de 2012

LA VIEJA: 3ª PARTE Y FIN





 -Hola, ¿qué tal?

Le echó una rápida mirada. Como para cerciorarse. De lejos le había parecido un ejemplar bastante atractivo. Tampoco estaba mal de cerca. Nada mal. Moreno, cabello largo hasta los hombros y ondulado, casi rizado... Ojos marrones grandes y almendrado  Sobre la treintena de edad. Guapo. Muy guapo. Y además se notaba que frecuentaba el gym. Parecía bastante cachas, aunque sin exagerar.

“Patricia, por allí quieren invitarte a tomar algo”, le había informado Bruno, el camarero de la barra central. Un rubio amanerado y que cada noche se las ingeniaba para salir del local con un amigo distinto. No se llevaban demasiado bien. En realidad no lo hacía con nadie allí. Con nadie en definitiva. Tampoco le importaba demasiado. No le gustaba la gente. También a ellos podía rechinarles su suficiencia y altivez, rayana en el puro desprecio por los demás, pero para alguien como ella eso no tiene demasiada importancia. Una mujer hermosa que sabe lo que quiere suele encontrar las puertas abiertas donde quiera que vaya, no hay que preocuparse por caer bien además. Luego, con la edad y el declive físico, la cosa va decayendo, pero tampoco eso iba con ella. Los cuerpos se quemaban rápido. Más cada vez. Algo lógico. Con el tiempo iba acumulando años de edad. Cuantos más, menos tiempo podían soportar sin marchitarse. Cuanto más madura su alma, más rápidamente consumía la juventud de aquéllos. No había problema. Cuando de decrépitos ya no servían, tan sólo había de buscar otro nuevo. Sólo tenía que elegir el más hermoso y deseable.

En esta última ocasión le había costado decidirse. Hasta el último momento había estado dudando entre la preciosidad rubia por la que finalmente había optado y una infartante negrita caribeña del otro lado de la ciudad. Una chiquilla residente en un barrio periférico y de familia humilde, con un físico de auténtica diosa. Pero era demasiado joven. Andaría sobre los dieciséis o diecisiete años. Prácticamente una niña. En otro tiempo, no hacía demasiado todavía, la hubiera escogido a ella de todas todas. Cuanto más jovencita mejor. Más tiempo por para aprovechar su cuerpo antes de que degenerase. Y sin embargo las cosas habían cambiado mucho últimamente. Hoy día resultaba difícil moverse con uno de menos de dieciocho anualidades. La incordiante minoría de edad. Antes podía prostituirse en la calle e incluso en los clubs habitando carcasas quinceañeras, resultaba fácil ganar el primer dinero. Ahora todo era mucho más complicado. Los dueños de los locales pedían lo primero la documentación. Nada de menores. Y ofreciéndose en las carreteras se tardaba nada y menos hasta que algún moralista estúpido fastidiaba la fiesta, llamando a la Policía para avisarles de que una chica con apariencia demasiado joven parecía estar haciendo la calle. Y tampoco resultaba sencillo encontrar alojamiento. El mismo problema en hoteles, hostales pensiones… La única posibilidad era encontrar algún maromo que en su casa la acogiera. Pero, aunque siendo tan atractiva como esa niña siempre se acababa encontrando alguno así, la cosa podía llegar a demorarse algunos días, y entretanto había que comer y dormir. Más práctico pues limitarse a las de más de dieciocho. Con eso se evitaban todos los problemas. Ninguna restricción, ninguna traba…

Siempre había de esas. Estúpidas dotadas de exquisita belleza entra las cuales elegir. No importaba que los cuerpos se marchitasen cada vez más de prisa. El surtido era inagotable. Cuando una ya no servía, otra. Y además en algún momento se estabilizaría. No podía continuar acelerándose indefinidamente. Con que le durasen para dos o tres años era suficiente. La mayor parte del tiempo permanecían jóvenes, como un combustible que tarda en prender, pero se combustiona rápidamente una vez lo ha hecho. Sí, con eso bastaba. Y además todavía estaba muy lejos de ello.

Era muy guapo. Sonrió disfrutando un sentimiento de crueldad. Debía haberle dolido mucho al sarasa de Bruno tener que pasarle el recado. Los celos y la envidia debían estar corroyéndole. Le gustaba. Adoraba eso. Perversa como una zorra, se acercó contoneándose y mirándole a los ojos, sin perder la sonrisa.

-Pues creía que muy bien hasta que te he visto, pero después de hacerlo me queda claro que mucho menos que tú.

Rió divertida la ocurrencia. Sí, su huésped era muy bella. Justo lo que necesitaba un alma podrida para continuar su externa existencia de vicio y desenfreno.

-Estás muy bueno… y eres simpático.

Aproximó el rostro al suyo para dejar que la besara. Sabía que lo haría. Era ya mucho tiempo de experiencia en tales lides. No erró en su predicción. Y además sintió la masculina mano magrear a gusto su precioso trasero. Bruno debía estar pálido de rabia.

-Vaya… parece que hay feeling.

-Sí… mucho –aceptó ella siempre sonriente, mirándolo pícaramente.

-¿Quieres una raya? Para recuperarte –añadió con un guiño-. El trabajo de las go-gós debe ser muy cansado.

-Claro. Ven, acompáñame. En el camerino estaremos más cómodos.


……………………………………………………………………


Todo un acierto el muchacho. Y a las primeras de cambio esta vez. Guapo, buen mozo, espléndido… y además funcionando muy bien económicamente. Como hecho a medida, vamos. Médico de profesión, trabajando en una clínica privada e hijo de papá adinerado. Bingo y acumulado.

Quedó muy prendado de ella además. No era para menos. Su nuevo cuerpo era una auténtica maravilla. La esperó hasta acabar su horario de trabajo en la discoteca y luego fueron a su casa. Incluso bajo los efectos de la droga se había mostrado un amante portentoso. Nada menos que cuatro seguidos, acompañados por sus correspondientes y propios orgasmos. Barra libre de droga, sexo desenfrenado y salvaje… ¡aquello era el Paraíso! Y cuando además la invitó a trasladarse allí con él, la cosa ya fue el colmo. No andaba ella buscando ni deseaba atadura ninguna, pero le vendría perfecto para una temporada, mientras se asentaba en su nueva identidad y organizaba su vida. Después, cuando se cansase o apareciese otro más atractivo, patada en el culo y adiós. No era muy mirada para esos asuntos. Cómo se lo tomase él o lo mucho o poco que le doliese, era algo que con ella no iba. Como si quería cortarse las venas o tirarse de un puente.

-Uff… maldito dolor. Es incordiante.

Lo era efectivamente. No demasiado intenso, pero constante. En la zona de su cadera, extendiéndose hacia el muslo. Ahora comenzaban a dolerle también algunas otras zonas del cuerpo. La estúpida aquélla no debía estar demasiado acostumbrada a las fiestas y excesos. Su trabajo de go-gó parecía pasar factura en agotamiento y dolores musculares. Y además estaban esas náuseas. Podrían atribuirse sin más a las resacas del alcohol y las drogas, pero el caso es que ya las había comenzado a sentir antes de empezar con sus colocones y borracheras. Igual que el dolor, aunque sólo en la pierna. Extraño. Y además todavía no le había bajado la regla. Llevaba ya más de un mes en este cuerpo. Mira que si la imbécil hubiera estado preñada… Mañana mismo se acercaría a la farmacia a comprar el Predictor.

Y sin embargo él vino a anticiparse.

-Escucha Patricia… Me gustaría que te pasases por la clínica. Cuando te venga bien.

Le pareció raro aquello.

-¿Por qué?

-Oh, no es nada. Simple precaución. Quiero hacerte algunas pruebas. Por el tema de esos dolores y náuseas, ya sabes.

Se semiincorporó en la cama ahora, apoyada sobre un codo, para mirarle extrañada.

-No te preocupes. Ya ye digo, es simple precaución. Soy médico, tengo esas manías.

Rió conciliador. No le hizo ninguna gracia a ella. Pese a la apariencia veinteañera temprana de su envoltura carnal, el alma que la habitaba era la de alguien con muchísimos más años. Años de edad. De experiencia. No era fácil engañarla. Conocía muy bien a las personas. Sus miradas, el tono simulado en su voz…

-Puede que esté embarazada.

Hubiera preferido no decírselo. Nunca se sabe cómo un hombre puede tomarse esas cosas. Tampoco semejaba debiera preocuparse demasiado por ello. Éste se veía demasiado prendado. Podría dominar la situación.

-Estuve saliendo con otro chico hasta hace un par de semanas.

Esbozó un gesto de pensamiento sobre ello él.

-Sí… eso podría explicar lo de las náuseas y el cansancio. Y lo de tus dolores podría deberse a tu trabajo. Me has dicho que llevas poco tiempo bailando.

-Sí, así es.

-Bueno, no pasa nada. Mejor estar seguros. Y además te sacas un chequeo completo por la cara.

No parecía una mala idea. De hecho, era una muy buena idea. Con ello podría conocer perfectamente el cuerpo que habitaba y sus circunstancias.


……………………………………………………………………


-Siéntate, Patricia.

Supo que había algo malo desde que lo vio entrar por la puerta. Muy malo. Su cara, la expresión de ésta… Una profunda inquietud se apoderó de su pecho. Era médico. Cuando un matasanos se muestra así ante ti, algo que no querrías escuchar está a punto de comentarte.

Obedeció tomando asiento frente a él al otro lado de la mesa de caoba del salón. La miró gravemente, el sobre en su mano, apoyado sobre la superficie de madera.

-Alfredo, me estás asustando. ¿Qué es? ¿Dímelo ya?

Tenía los ojos enrojecidos. Brillantes. Había estado llorando.

-Cáncer Patricia. Muy avanzado.

Su hermoso rostro se tornó en un gesto de horror, llevadas ambas manos ante su boca, abiertos exageradamente sus preciosos ojos verdes.

-No entiendo cómo no notaste nada antes. Ya te digo, está muy avanzado.

“!¿Cómo lo iba a notar imbécil?! Llevo menos de dos meses dentro de este jodido cuerpo?!” Su mente trabajaba ahora como una locomotora desbocada. ¿Cáncer?... ¿Había ido a escoger un cuerpo podrido por el… cáncer?

-¿Estas seguro de lo que dices?

Se le veía atorado. Realmente estaba siendo muy difícil para él.

-Completamente Patricia. Sabes que hemos repetido las pruebas para pedir un segundo diagnóstico.

“¿Cómo no lo voy a saber estúpido? Soy yo la que se ha sometido a ellas”.

-Patricia… no sé cómo decirte esto... En mi trabajo he tenido experiencias anteriores, pero nunca con alguien de mi entorno cercano. Nunca con alguien tan… amado.

“Vaya un momento para salirme con romanticismos, gilipollas”.

-Decirme… ¿qué?

Era difícil.

-Eres médico. ¿Qué podemos hacer?

Muy difícil.

-Nada cariño. No se puede hacer nada. La mestástasis se ha extendido a otras partes de tu cuerpo. Demasiado. Llegamos tarde para la quimio o la radioterapia.

-¡Pero qué me estás diciendo imbécil! –estalló finalmente. No protestó él. Era perfectamente entendible.

“¡Maldito sea mi nacimiento! Ir a elegir a una jodida cancerosa”.

Intensa actividad mental. Aún estaba a tiempo. Tenía que volver a su cuerpo anterior. No podía pasar todavía uno nuevo. Todavía no había asimilado como propio éste. Carne y espíritu no habían fusionado suficientemente. Aún tardaría mucho en hacerlo. Pero sí continuaba a tiempo de volver a aquél. El vínculo no se había disuelto. Igual que se había integrado todavía en éste, tampoco había acabado de desintegrarse en el otro. Se trataba de procesos paralelos.

Tenía que darse prisa. Si a la imbécil llegase a pasarle algo… Ya había durado demasiado en comparación con otras anteriores. Podía sentirlo. El vínculo. Seguía viva. Por lo general perecían a causa de la impresión o se quitaban la vida ellas mismas. No podían soportar verse de repente encerradas en un cuerpo decrépito y ruinoso, ni las expresiones de aprensión y seguramente repugnancia en familiares y deudos al intentar explicarles lo acontecido. Aun en el caso de que las creyeran, debía resultar algo muy difícil de digerir para ellos. Las desgraciadas no lo soportaban. No solían sobrevivir más allá de unos pocos días a la experiencia.

Ésta era de las pocas que sí lo había hecho. No conocía sus circunstancias ni por qué. Por lo que sabía, en cualquier momento podría palmarla ella también. Suicidándose o tras haberse ido apagando poco a poco. Había que apresurarse.

-¡Eh!... ¿dónde vas?

-¡Suéltame imbécil! –se desasió enérgicamente de la mano que trataba suave de retenerla.

-No puedes huir de esto Patricia. Debes afrontarlo. Puedes contar conmigo.

-Que te follen gilipollas.

No dijo más. Ni tomó su ropa o recogió dinero o tarjeta alguna. A lo que se dirigía no iba a necesitarlo.

La negra. Iría a por ella. Debería haberlo hecho desde el principio. Tampoco quedaba mucho tiempo para buscar a otras. Aquel maldito cuerpo estaba también en las últimas. Demasiado viejo. No resistiría mucho más con su espíritu en él. Máxime reentrando tras haberlo abandonado. Sería como volver sobre una puerta, ya casi derribada, con carrerilla.

No hubo de alejarse demasiado. Tan sólo hasta el rincón que, detrás de la torreta del contador de la luz de la urbanización, formaba el muro que la rodeaba.

-Niek setore nehakaak numat senatocrasna vinteas. Nomasotrna geptka vesag numani, ot hiapanetah…

Sensación de distanciamiento. De pérdida de contacto con la realidad. Los perfiles se tornan progresivamente difusos, las formas borrosas…en apenas unos segundos, otras distintas van apareciendo ante sus ojos. Una hembra sentada a algo que parece un sillón frente a ella. Un grupo a sus espaldas.

La visión se aclara. Le miran, la observan… la esperaban. Confusión. ¿Qué está pasando?

-Efectivamente.

Es ella la que le habla. Rubia, serena… más bella todavía que la anterior estúpida. Quizá… Tras ella un hombre con barba gris le apunta con un revólver a la cabeza.

-Una sola palabra extraña y te vuelo los sesos, puta.

Sonríe la hermosa.

-Es lo que estás pensando. Te hemos engañado.

Rabia. Mucha rabia. El primer pensamiento es de deseo de venganza. La experiencia le ha enseñado a no dejarse arrastrar por los impulsos. Echa una mirada a los demás. Está en la casa en que asaltó a su víctima. Su casa. Otra mujer, morena ésta. También atractiva, si bien mucho menos que ella o su anterior huésped. Ambas son poderosas. Mucho. La de cabello oscuro más todavía que la otra. Mucho más. Su poder es algo que llega a sofocar. Puede percibir esas cosas. Una bruja consumada puede hacerlo.

El hombre de la barba. Otro de su edad aproximada junto a él. Un tercero más joven. Muy atractivo. A éste lo conoce. Es el marido de la estúpida. Antes de marchar de allí repasó fotos y otras cosas. Ha aprendido a hacerlo. Es bueno conocer detalles sobre la vida anterior de los cuerpos que habita. Resulta útil a menudo. En sus ojos brilla el puro odio. Más aun que en los de los demás. Sólo la morena parece no afectada. La rubia lo está. Pese a mostrarse serena, se hace evidente el desprecio tras su mirada esmeralda. Está aleccionado. Hace verdaderos esfuerzos para no saltar sobre ella para reventarla a golpes. El muy imbécil…

La bruja trata de pensar rápido.

-Ni se te ocurra –le amenaza la rubia. La mira sorprendida.

-La naturaleza de mi poder es mental. No puedo leerte el pensamiento.  Aseguran que ha existido quien sí podía hacerlo. Yo no puedo. Pero sí percibir perfectamente tu ruido mental y también anticiparme para deducir tus vías de escape y, con ello, posibles intentos. Tuve una buena maestra. La mejor.

La mujer morena. La mira a los ojos por un instante. Resulta aterradora. ¿Quién es? Su poder es superior al de cualquier bruja o nigromante que haya conocido. Más parece un demonio que una hembra mortal.

-Estás pensando en probar el maleficio recitándolo mentalmente.

Vuelve la mirada a la de los ojos verdes.

-Puede que funcionara. Puede que no. En cualquier caso no te daría tiempo a comprobarlo. Puedo entrar en tu mente y devastarla en un instante. Restarías convertida en un vegetal por el resto de tus días. Los que sean que te queden.

No mentía. Aquello no era un farol. Tenía poder suficiente para hacerlo.

 -Eso o pedirle a Quevedo que te salte la tapa de los sesos.

Miró al hombre por un momento. Sí, también él estaba deseando hacerlo.

-Está bien. ¿Qué queréis?

Sonrió.

-¿Qué te hace pensar que queramos algo?

-¿Por qué seguiría viva sino? Podríais haberme matado nada más regresar a este cuerpo.

Mantuvo la sonrisa.

-Sí. Eres vieja y decrépita, pero no estúpida.

Se miraron a los ojos por un momento. Tensamente, midiéndose… No le convenía un duelo con aquella hembra. Ni a solas y sin apoyo de nadie podría con ella. Era demasiado fuerte. Uno de esos portentos que de tanto en tanto surgen entre los hombres. La morena aun era peor. La protegía. No le resultaba necesario, pero lo hacía. Incluso pudiendo hacerle daño, cosa que le quedaba claro excedía de sus posibilidades, todavía tendría que enfrentarse a la ira y venganza de ella. Sería como hacerlo a las de un diablo furioso. Mejor no irritarla.

-El maleficio.

Volvió a mirarla de aquella manera.

-Oh, vamos… ¿Qué es lo que encuentras sorprendente?

-¿Para qué lo queréis?

-Al final tendré que pensar que sí eres estúpida después de todo.

La evaluó una vez más.

-La inmortalidad es un premio grandioso –escupió finalmente.

-Sí lo es –estuvo de acuerdo la hermosa-. El más grande de todos.

Sonreía. Sí, también ella soñaba con ésta. Todos ellos.

-¿Podré marcharme después?

Hizo un gesto de invitación a ello con su mano, acompañado de una expresión confirmadora en su hermoso semblante.

-¿Cómo sé que no me engañas?

-¿Para qué querría hacerlo? Este cuerpo es precioso, pero envejecerá y se marchitará. Poder escoger otro entonces y robarle su juventud… Ser joven y bella para siempre. Todos podemos serlo. No hay competencia. En el mundo hay suficiente para los ocho.

La miró suspicaz.

-¿Ocho?

-Los seis que habemos aquí y dos más.

Levantó la tapa del portátil que permanecía en la mesita de madera junto a ella, apareciendo en la pantalla el rostro del varón con el cual había compartido la cama las últimas semanas.

-Hola de nuevo –saludó sonriente-. Te veo algo venida a menos cariño.

Rió. Odioso. No le gustaba que se burlasen de ella. No le gustaba nada. Pagarían por ello. Encontraría la forma de hacérselo lamentar a todos y cada uno de ellos. Incluidas las hembras.

Una beldad rubia se dejó ver a su lado. Ese cuerpo glorioso había sido suyo hasta hacía unos instantes. La pura rabia le devoraba las entrañas.

-Eres poderosa. La mujer morena aun lo es más que tú.

-El poder no basta a veces. Posees un conocimiento que desapareció del mundo hace muchos siglos.

-¿Y si me niego?

Se encogió de hombros la rubia.

-En unos momentos presentarás tus excusas al Diablo.

Asintió con la cabeza.

-Ya veo. Supongo que no me quedan muchas opciones.

-No. No te queda ninguna.

Todavía se lo pensó un poco más. Aquélla era su única baza. El único as que le quedaba en la manga. Los otros tres los tenía ella. Y también los dos comodines. La partida era suya.

-Está bien…

Ponía los pelos de punta. Gloria podía traducir el significado de aquellas extrañas palabras, Desirée intuirlo… Invocaciones y promesas a las mismas esencias y fuentes del mal. Algo verdaderamente diabólico.

Asintió por fin la bruja mental.

-Perfecto. Quevedo, ya puedes reventarle los sesos a esta basura.

Se abrieron los ojos de la anciana como platos.

-¡Me lo prometiste!

Sonrió cínica.

-Mentí.

¡No! ¡No! ¡No!... ¡No podía ser!

-Realmente eres estúpida. ¿Qué valor tiene la palabra dada a una escoria como tú?

-Por favor… no lo hagas…

Se adelantó como pudo, aumentadas por la pura desesperación sus escasas fuerzas, para caer de rodillas ante su vencedora. Llorosa, implorante… patética.

-Te revelaré todo lo que me pidas –le rogó tomada su mano derecha entre las suyas-. ¡No me quites la vida, por favor!

Se liberó con desdén la hermosa.

-No tienes nada que yo pueda desear. Necesitaba conocer el hechizo por si alguna vez volvía a presentarse un caso como éste. Para poder combatirlo. Gloria podría haberlo hecho perfectamente sin necesidad de conocer el secreto –señaló a la morena con un ligero movimiento de su rostro-, pero ella no nos revelará la manera de hacerlo. Tiene sus propias convicciones que se lo impiden.

Los ojos revelaban auténtico espanto.

-Te enviamos a un actor convenientemente aleccionado. Un varón especialmente atractivo y con muy destacadas dotes de seducción. Sabíamos perfectamente cómo tenderte la trampa. Luego aprovechamos el embarazo de ella.

Desirée adivinó el sentimiento en su mirada. Se consideraba engañada. Resultaba curiosa la tergiversación que de las cosas puede hacer una mente podrida como la de aquella alimaña.

-Las nauseas, la fatiga… Potenciamos los efectos con fármacos y sustancias que te administraba en la bebida y la comida. Totalmente inocuas, por supuesto. No queríamos dañar el cuerpo ni, especialmente, al bebé.

La bruja se sentía desesperar. ¿Cómo había podido ser tan estúpida?

-También nos sirvió el dolor en el muslo. Hace un par de años, Ainhoa se rompió la pierna en un accidente de moto con su ex pareja. Sanó perfectamente de ello, pero el dolor se quedó para hacerle compañía esporádica, al menos por algún tiempo. Fue cosa tan sólo de aprovecharlo e inducir otros. Nos hemos arriesgado algo más con ello, pero resultaba necesario. Si no conseguíamos sacarte del cuerpo, antes o después acabarías siendo cosnciente de lo que en verdad ocurría y se perdería todo, el bebé incluido.

>>Te lo has tragado estúpida. No sólo tenías un cuerpo bellísimo, sino totalmente sano.

Apoyando un pie en su pecho, la empujó con desprecio para  hacerla caer de espaldas sobre el suelo.

-¡Por favor!... ¡Por favor!

Sonrió cínica y vencedora.

-Cuando llegues al Infierno, transmítele a Lilith mis saludos.

¡Terror! ¡Auténtico terror! Temía a la muerte física más que a nada en el mundo. Había vendido su alma para evitarla.

-Quevedo.., sáltale la tapa de los sesos.

-¡¡¡No!!! ¡¡¡No!!! ¡¡¡No!!!...

El sonido de la pólvora al estallar vino a silenciar el patético discurso. Suspiró Ainhoa aliviada al otro lado de la línea, al tiempo que Pablo rompía a llorar, imposible seguir conteniendo la emoción


…………………………………………………..


-Nunca podremos pagarte lo que has hecho por nosotros.

La miraba a los ojos Ainhoa. Verde sobre verde, las manos tomadas entre las suyas. De nuevo las lágrimas asomaban a aquella belleza esmeralda, amenazando rebasarla. A su lado Pablo permanecía en pie, junto a él dejadas las maletas en el suelo. El servicio de megafonía anunció el último aviso de embarque.

-No es necesario que lo hagáis. Tengo mis propios motivos para hacer esto.

Se observaron en silencio.

-Si alguna vez llegarais a conocer algún otro caso raro… ya sabéis, de esos que forman parte de mi especialidad…

Sonrió. Era adorable. Un auténtico ángel.

-Haced como Patricia, la chica que me contactó. Tenéis mi dirección de correo electrónico.

Los miró por última vez.

-Bueno… he de irme. Gracias por llevarme las maletas Pablo.

Deslizó libre aquella lágrima por el rostro de Ainhoa.

-¿Volveremos a verte?

Sonrió.

-No. Debéis continuar con vuestra vida. Las cosas que yo hago y las influencias que combato son algo que no debería mezclarse con las personas normales. Acabaría salpicándoos.

Silencio.

-Adiós Desirée. Nunca te olvidaremos.

-Nunca –confirmó él.

Siguieron los besos de despedida. Después se giró y se alejó cambiando en dirección al pasillo que hasta su avión llevaba.

-Es fantástica, ¿verdad?

Asintió él con la cabeza.

-Un auténtico ángel


FIN

viernes, 20 de julio de 2012

¿QUÉ ES EL LUCIFERISMO? 5ª PARTE: PARA FINALIZAR


 
Encontraréis en muchos casos, círculos luciferinos de inspiración nacional-socialista y profundamente racista. Ello se debe a una muy polémica interpretación de la doctrina luciferina. Según ésta y como ya he descrito, se concibe al ser como de inspiración divina y el objetivo del adepto es recuperar su condición perdida. Ello ocurre a través de una larga evolución de la consciencia, desde los niveles básicos de la vida, pasando por el vegetal y animal, hasta llegar al ser humano. A medida que ésta avanza en intensión, reduce su extensión, Es decir, una única consciencia que estaría repartida en una gran masa vegetal, por ejemplo, llegaría a quedar condensada en un solo ser humano al término de su evolución. Pues bien, una vez llegados a este nivel –el del ser humano- ésta continúa a nivel individual y, según los defensores de la teoría racista, su culminación vendría en la figura del ario, que sería el máximo nivel de perfección física alcanzable en este plano. A esta teoría, seguida por un amplio sector de la doctrina, se opone otro igual, en el que me incluyo, que piensa que ario no es sinónimo de perfección, ni mucho menos. Hay individuos de otras razas tan evolucionados o más que el más ario entre los arios. 

Las doctrinas más cercanas al luciferismo son la WICCA y las neopaganas. La primera se acoge a una base bastante similar, pero desvirtúa –en opinión de los luciferinos- la esencia con sus postulados acerca del amor universal, el Bien y la oposición al uso de la magia negra. Bien y Mal son principios universales ambos. Tanta aberración supone el pretender eliminar totalmente el Bien de la naturaleza humana, como pretender hacer lo propio con su gemelo, el Mal. Ésta necesita de ambas contrapartidas e, intentando suprimir la influencia de una de ellas de la balanza, se rompe el equilibrio cósmico en aquélla. El adepto luciferino no es necesariamente maligno, como tampoco lo es su religión, pero tampoco benigno. Será pues capaz del mayor bien y del mayor mal, según convenga en su camino. Es aquí donde las hermandades que han practicado el sacrificio humano en los últimos años, como los Gipsy Jocker’s o los Iluminados suecos, buscan su justificación. Precisamente Gabriel Carrión, religioso e investigador de las sectas criminales, se ha pronunciado al respecto en los siguientes términos: 

“El peligro de los luciferinos es muy superior al de los satánicos porque su filosofía avala todas sus acciones. Para mí son el enemigo público número uno dentro del entramado del Maligno. Y digo esto porque están inmiscuidos en muchas actividades culturales, sociales y políticas de Europa, y porque para ellos todo vale, todo es justificable, nada es pecado. Se podría decir que Lucifer es el dios de la justificación, mientras que Satán lo es de la miseria y el dolor. 

Los luciferinos se apoyan en un sustrato teórico importante. Son personas pertenecientes a la clase media y media-alta, con un elevado nivel cultural. Son mucho más sibilinos que los satánicos y están mucho mejor preparados que ellos. Una secta luciferina no destruye mentalmente a sus adeptos, sino todo lo contrario; refuerza su personalidad, ya que hace que el luciferino asuma por sí mismo la filosofía que preconiza sin aparente ´comedura de coco’. En mi opinión, éste es un aspecto que da mayor solidez a su peligrosidad. 

Los luciferinos son racistas y no están al margen de los brotes actuales de xenofobia; para ellos la raza blanca es superior a las demás, es la más importante del planeta. Como adoradores del dios de la justificación, contemplan tranquilamente el hambre y las guerras , y, por supuesto, la destrucción de todas las razas por la suya.” 

Opino que se trata de una descripción bastante ajustada a la realidad. Peca en algunos aspectos, como el del racismo –ya comenté al respecto la división entre luciferinos-, de extender lo que reza para la parte al todo, pero, por lo demás, el hombre tiene criterio. En fin, es su opinión. 

En cuanto a los neopaganos, la diferencia respecto a los luciferinos radicaría en que los primeros pretenden permanecer estáticos, aferrándose a cultos del pasado, mientras que los segundos resultarían de la evolución o síntesis de éstos. 

Pues bien, con esto llegó al término de mi tan anunciado artículo sobre el luciferismo y su doctrina. Es muy posible que me deje muchas cosas en el tintero –tened en cuenta que estoy resumiendo toda una filosofía milenaria en unas pocas líneas-, pero con ello ya podréis formaros una primera idea sobre el tema y opinar con mayor conocimiento del mismo. 

Saludos.

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   Pasión funesta... narra la historia de un atractivo profesor de secundaria, de existencia acomodada y perfecto representante de la clase media-alta española, que sin embargo y en vísperas del nacimiento de su primer hijo, va a ver nacer en él una serie de dudas a causa de la tentación presentada en forma de bella ex alumna solícita de sus favores. No obstante, ello no será sino el preludio de lo que habrá de venir cuando conozca a una extraña y hermosísima mujer. Aunque el suyo no será más que un fugaz encuentro, de noche y en plena calle, que no se prolongará más allá de unos breves segundos, su magnetismo y las fascinación que en él ejercerán serán tan extraordinarios que le llevarán a una obsesiva búsqueda de tan cautivadora fémina, quedando patas arriba su vida y todos los valores que en ésta había dado por sentados.

      Cuando finalmente dé con ella, hallará a una hembra dedicada a oscuras actividades, cuya superlativa belleza sólo es igualada por el absoluto secreto y misterio que parece envolver a todo aquello que con su persona se relaciona. De su mano iniciará un macabro viaje que, a  través del mundo de las sectas satánicas y vampíricas, les sumergirá a ambos en una espiral de sexo, horror y violencia que desembocará en un drama de proporciones cósmicas.

      Lo que se narra en esta novela es algo que ocurre en el mundo real en nuestros días y acerca de cuyo peligro ha advertido el FBI -sectas VIP, (Vampire Interested People)-. Después de leer Pasión funesta... cambiará tu perspectiva sobre estos temas. Volverás a temer a la noche y la oscuridad.

viernes, 13 de julio de 2012

LA VIEJA: 2ª PARTE




Pablo tuvo consciencia de que algo terrible había ocurrido nada más entrar en casa. Fue ver aquella anciana llorosa sentada en el sofá del salón y entenderlo.

-¿Dónde está mi mujer?

Sentidos sollozos fueron la única respuesta que encontró en un primer momento. Extrañado, miró hacia el interior de la vivienda, allá donde se abría la puerta de la cocina, y luego de nuevo a la vieja.

-Oh Pablo, cariño… yo soy tu mujer.

Sintió que algo se removía dentro de su cuerpo, muy especialmente en el estómago, al escuchar aquello. Un auténtico disparate, por supuesto, pero que de alguna manera había conseguido hacerle estremecer. Cariño Le había llamado cariño. No pudo evitar un sentimiento de aprensión. Imaginarse realmente besando o haciendo el amor con aquella ruina humana... Debía resultar cruel la consideración, pero no le vino otra a la mente en aquel momento.

-He preguntado dónde está mi mujer.

Rompió a llorar desconsolada.

-¡Dios, mío!... ¡Dios mío! ¿Cómo has consentido que pase esto?

¡Vieja loca! ¿Dónde estaba su esposa?

-¡Ainhoa! –alzó la voz- ¿Estás en casa?

Sollozos.

-Ainhoa está en casa Pablo. Soy yo.

Se sintió él irritar ahora. Todas las alarmas de su mente y su cuerpo sonaban cual anunciando la mayor de las catástrofes.

-¡Señora, ya basta! Tiene un minuto para decirme qué ha ocurrido aquí y donde está mi esposa.

La mujer era un valle de lágrimas.

-Se acabó. Voy a llamar a la Policía.

Se liberó de su maletín lanzándolo con furia contra uno da los sillones, para sacar el móvil del bolsillo de la chaqueta.

-Procura no equivocarte. Como aquella vez que los llamaste a la ambulancia en lugar de a los bomberos cuando vimos aquel principio de incendio en el monte.

La miró perplejo ahora. Aquello había ocurrido realmente. Se rieron de ello una vez tuvieron certeza de que éste había sido controlado. Ella le mantuvo la mirada., Sus hermosísimos ojos verdes inundados de incontenible y triste humedad.

-Soy yo Pablo. No te están engañando.

¡La muy bastarda! ¿Qué le habían hecho a Ainhoa? Debían haberla amenazado o maltratado para obligarles a revelarle detalles como aquél con que ganar su confianza.

-Pregúntame lo que quieras. Sé lo que estás pensando. Es fácil intuirlo. Yo también lo haría.

Perplejidad.

-Vamos… pregúntame lo que quieras. Cualquier cosa que sólo tú y yo podamos saber. No pueden haberme obligado a contarlos todos.

Dudó Pablo. Como si, por un momento, aquel disparate pudiera someterse a consideración. ¡Bobadas! Llamar a la Policía. Eso era lo que iba a hacer.

-Vamos… pregúntame.

Dudas de nuevo.

-El color del camisón de Ainhoa en nuestra noche de bodas...

-¿Qué camisón? Tu piel contra la mía. Nada más nos arropó esa anoche bajo las sábanas. Vamos Pablo. Pónmelo un poco más difícil.

Casualidad. Había sido pura casualidad. La noche de bodas. Por supuesto. Sería una de las primeras cosas en que pensaría cualquiera a la hora de interrogarla.

-El perro de la novia de mi primo Enrique. ¿De qué raza es?

-Tú no tienes ningún primo llamado Enrique. Su nombre es Ernesto y su novia tampoco tiene ningún perro, sino una gatita que recogió de la basura, donde la habían abandonado al nacer.

¡Casualidad! ¡Pura casualidad!

-¿Cuánto costó esta corbata que llevo? –preguntó ahora tomando ésta en su mano.

-¿Cómo quieres que lo sepa? Tienes tu colección de corbatas desde antes de casarnos y no has comprado ninguna nueva. La de rayas rojas y negras es la única que ha entrado en dos años en ésta casa y no estuviera antes, y te la regaló tu hermana por tu cumpleaños. Pónmelo más difícil Pablo.

La voz de la anciana sonaba frágil, quebradiza… una actuación de Óscar.

Siguieron a aquéllas otras preguntas. Una auténtica batería Platos favoritos, lugares frecuentados, experiencias íntimas… Tenía razón. Ningún interrogatorio podría ser tan perfecto. Menos aún en tan poco tiempo.

-Señora, por favor -ahora la suya también parecía a punto de vencerse-… dígame que está pasando. ¿Dónde está mi esposa?

Nuevas lágrimas corrían por su vetusto rostro.

-Pablo, mi amor… yo soy tu esposa.

-¡Oh, Dios…!

Se dejó caer abatido en el sofá para ceder finalmente al llanto él también.

-No puede ser. Por favor, señora… dígame dónde está Ainhoa. Se lo suplico…

Ni siquiera pudo hablar ahora para responderle. No en un primer momento.

-Está bien… cuénteme su historia.

Lo hizo. Un auténtico disparate de relato. Algo que no podía ser.

-Señora… voy a llamar a la Policía.

Se denotaba ahora totalmente abatido. Obvio no tenía nada claro qué hacer, por más que quisiera convencerla a ella y a sí mismo.

-Quizá sea lo mejor. Es posible que aún puedan encontrarla. Y traerla a tu lado… ¿Quién sabe? Hasta puede que piense que lo mejor sea quedarse contigo. Sí, será lo mejor. ¿Qué podría yo ofrecerte ya con este cuerpo?

La observó compungido. ¡Oh Dios, Dios, Dios…! ¡Era Ella! ¡Era Ainhoa! Lo sabía. Podía insistir en negarse a admitirlo, pero lo sabía. Era su esposa. Su amadísima esposa. Su forma de mirarle, de gesticular, de hablar… no eran sólo todas las preguntas a las que había respondido y todas a las que, insistía, podía responder. Era todo. Cuando una persona es parte de ti, puedes reconocerla en cualquier circunstancia. Incluso en una tan terrible como ésta.

Pablo recurrió desesperado a Gregorio, su jefe. Fue a visitarlo a su casa, interrumpiéndole en medio de la hora de la comida con su familia. Ni siquiera se disculpó. Ni siquiera podía pensar en eso. En nada que no fuera aquel aberrante drama en que Ainhoa y él se habían visto repentinamente sumergidos.

Gregorio era un hombre de recursos. Un brillante letrado dotado de una mente agilísima. No tenía idea de cómo pudiera ayudarle en aquel trance. No se le ocurría otra persona a la que acudir en ese momento. No se le ocurría nada con sentido. Él había tomado mucho afecto también a la chica. Era tan cariñosa y abierta con todos… Gregorio insistía en que, para cuando hubiera nacido el niño que esperaban y llegara la fecha del bautizo, él y no otro había de ser el padrino. Sí, la apreciaba mucho él también

Huelga comentar lo que costó convencerle. Si dificultoso había resultado con el propio Pablo, imagínese con quien no es pariente tan próximo. Costó, pero se consiguió.

-Esto que me contáis es una locura.

-Dígamelo a mí, don Gregorio… dígamelo a mí.

Las lágrimas de la anciana se veían demasiado sentidas. Demasiado verdadero y profundo su dolor. Fue una secuencia continuada de recursos y llamadas. Gregorio se puso en contacto con Quevedo, el más que competente titular de la agencia de detectives con que solía trabajar su despacho. Pocas veces le había fallado cuando se había tratado de investigar a alguien.

Se conocían desde hacía más de treinta años, cuando los tiempos en que había sido sargento de la Guardia Civil. Conservaba de entonces notables contactos tanto en este cuerpo como en el de la Policía Nacional. Más todavía había costado convencerle a él, claro.

-Tienes que confiar en mí, Quevedo. Te lo pido por favor. Aunque no creas la historia, haz como si la creyeras por un momento y dime qué podemos hacer. Tú sabes más acerca de buscar y presionar a la gente.

Buscar y presionar a la gente. Valiente talento. ¿De qué habría de servirle en un caso como éste? ¿De qué encontrar a aquella supuesta belleza a la fuga? ¿Cómo presionarla para convencerla de dejar un cuerpo de infarto para volver a uno decrépito y ruinoso?

-Esto es cosa de locos, Gregorio. Pero si tú me dices que vayamos a ello, vamos.

Vamos. Claro. ¿Por dónde comenzar? Quevedo se puso en contacto telefónico con el comisario de la comisaría de Benalúa. Había confianza.

-No preguntes Alfredo. Es mejor que no sepas de qué va la cosa.

-¿Qué me cuentas Quevedo? Si no lo sé va a ser difícil que pueda ayudarte.

-Lo sería de todas formas. Créeme.

Le creía. Eran ya algunos años. Más que suficientes para conocer a las personas cuando se tiene ese talento. Alfredo lo tenía.

-Sólo dime una cosa: Un caso oscuro. Como si hubiera magia y cosas extrañas de por medio.

-¿Magia? ¿Cosas extrañas? Quevedo, ¿has estado bebiendo? Falta mucho para el Día de los Inocentes.

-Demasiado Alfredo. Demasiado.

Silencio.
-En un caso así… ¿cómo actuarías tú?

Silencio.

-¿Es de verdad que me lo estás preguntando en serio?

-¿Recuerdas a mi nieta?

-Sí… claro. Sabes que va al mismo colegio y clase que mi hija.

-Bien, entonces, por la vida de la niña Alfredo: ¿Cómo actuarías tú en un caso como éste?

Sintió un escalofrío el comisario recorrerle la médula. Sí. Le estaba hablando en serio.

-Déjame unos minutos para pensarlo.

Cumplió su palabra el oficial. No tardó mucho más que eso en sonar el móvil del detective.

-Te escucho Alfredo.

-Si de verdad hablas en serio… Hace cosa de año y medio… algo extraño. Una chica joven, una verdadera belleza… ella y un sacerdote extranjero recibieron aquí a una adolescente y a su madre. Ya te digo, muy extraño. Las órdenes llegaron de arriba. De muy arriba, no sabes exactamente cuánto. No nos aclararon nada. Sólo supimos que habíamos de facilitarles un despacho para hablar.

Silencio.

-Se escuchan cosas Quevedo. Son sólo rumores. Afirman que esa chica es una especie de acosadora de brujos y cosas así. Que su respaldo viene desde esferas tan altas, y no me estoy limitando al ámbito nacional, que es mejor no preguntar. Yo no sé nada.

Silencio.

-¿INTERPOL?

-Quizá más arriba todavía.

Casi podía sentirse a Quevedo estremecerse al otro lado del teléfono.

-¿El Vaticano?

-Es mejor no preguntar, Quevedo.

Silencio.

-La otra chica, la adolescente que te he comentado… vivía aquí, en el barrio. Puedo localizarla.

Silencio.

-Si tuviera entre mis manos un caso… extraño… Quizá la chavala pueda localizarla. Yo intentaría ponerme en contacto con ella.

Asintió Quevedo con la cabeza desde el otro lado de la línea.

-Está bien Alfredo. Ponme en contacto con esa muchacha.

No costó tanto convencer a la jovencita. Vía Messenger. Al parecer ahora vivía en Suecia con su chico. No quiso hablar del tema, pero al parecer también había pasado algo terrible y relacionado con lo sobrenatural. Resultó una chica muy guapa y cariñosa también. Fue fácil hablar con ella y contárselo. Muy afortunadamente, no había perdido el contacto con la otra. La acosadora de brujos.

Menos todavía costó convencer a ésta. Al parecer Patricia, que así se llamaba, había llegado a gozar tras lo vivido juntas de su entera confianza. En cuanto le contó lo que había, contactó inmediatamente con ellos y, tan sólo un día después y procedente del extranjero, ya estaba con allí.

¡Dios! ¡Qué mujer! Desirée* era su nombre y su lado palidecían las demás beldades, incluida la propia Ainhoa. Físicamente era de un tipo similar a ésta. Alta, rubia, ojos verdes, cuerpo de top model… pero había algo más en su belleza. Algo indefinible y abstracto. Como una capa de barniz que da el toque definitivo a una soberbia obra de arte. Resultaba extraño. Casi Inquietante. Como presenciar la belleza de un ángel.

Todavía faltaba una última ficha por caer.

-Lo que me cuentas es algo realmente terrible -afirmó mirando a los ojos a Ainhoa, las manos de la anciana cariñosamente tomadas entre las suyas.

-¿Tú… me crees?

Era la que más rápidamente lo había hecho. Bueno, ella y la otra chica. Pero con aquélla sólo habían hablado a través de la video-cámara del portátil. Ésta en cambio estaba aquí y la miraba de frente a la cara. Era distinto.

Sonrió la diosa rubia.

-Por supuesto que te creo cariño.

-¿Podrás… podrás hacer algo?

-Lo primero que necesitamos es saber a qué nos enfrentamos exactamente.

-¿Tú lo sabes?

-Yo no. Mi dominio es el campo mental añadió con una sonrisa-. Muchos lo llamarían magia, pero no es exactamente lo mismo. Pero sé quién puede saberlo con muy gran probabilidad.

Y así fue que cayó la última pieza. Una mujer morena entrada en la cuarentena y de mirada penetrante. Atractiva, indudablemente atractiva, si bien, no obstante, a un nivel bastante inferior a Ainhoa, ni qué decir del de Desirée.

-Os presento a Gloria*. Luciferina practicante y una de las mayores expertas a nivel mundial en el tema esotérico.

Debieron resultar evidentes sus expresiones de pasmo y asombro.

-Oh vale… no os preocupéis. No es momento para explicarlo ni viene al caso, pero puedo aseguraros que el luciferismo es una doctrina que nada tiene que ver con lo que podáis estar pensando.

No parecieron muy convencidos. Tampoco protestaron. Cualquier ayuda era bienvenida. Aquélla parecía la única posible.

De nuevo Ainhoa hubo de relatar su terrible experiencia. Ésta no era como la chica. Si aquélla había escuchado con empatía y esforzándose por hacerla sentir lo mejor posible, su amiga en cambio lo hacía con aparente y total indiferencia.

-¿Qué piensas Gloria? –le preguntó la rubia al finalizar la exposición.

Esbozó una expresión indefinida.

-Es muy extraño.

-¿Conocías el hechizo?

-Oh sí… claro que lo conocía.

-Por tu expresión intuyo que no mucha gente más podría decir lo mismo.

-No. No mucha más.

Inquietante mujer. Tenía algo en la mirada. Como un brillo nacido a partir de un fuego desconcertante. ¿Maldito? ¿Divino?

-Es muy antiguo. Procede de Mesopotamia. Tus viejas amigas, las Lilitú, parece ser que tuvieron que ver con el tema. Ellas no lo adoptaron entre su repertorio, pero se dice que sirvieron a su difusión. El origen se sitúa en Baal, por supuesto. No es el estilo de Lilita, tú ya lo sabes. Ellas debieron hacer de intermediarias.

La miraba Desirée desconcertada. Para todos los demás aquellos nombres nada significaban. Para ellas dos, al parecer, mucho. Quizá demasiado. Pareció respirar aliviada ante la penúltima afirmación. Debía ser realmente hembra de guardar la tal Lilith.

-¿Por qué dices que es extraño?

-Las últimas noticias que se tienen del uso del maleficio proceden de la Edad Media. El principio de la Baja Edad Media. Se creía olvidado desde hace casi mil años.

-¿Creéis –intervino aun más asustada Ainhoa-… que esa mujer lleva haciendo esto desde entonces?

-Oh no, no lo creemos –la tranquilizó dentro de las circunstancias Desirée.

-¿Por qué no?  -preguntó ahora Pablo.

-Baal, Lilith… el Diablo…

Un escalofrío recorrió la médula de todos los presentes. Salvo las de las dos brujas, claro.

-Se ríen de y juegan con los ingenuos. Las Lilitú no son ingenuas. Por eso no lo adoptaron . Nadie que pacte con el Diablo puede perdurar tanto tiempo sin quemarse. La magia negra tiene un efecto boomerang. Antes o después, siempre acaba volviéndose contra quien la utiliza. Un mago muy hábil y dotado podría esquivarlo durante bastante tiempo, pero nadie conseguiría hacerlo durante tanto. Y el precio a pagar es tanto más alto, cuanto más extendido el beneficio en el tiempo.

Asintieron con la cabeza. Realmente estaban out of the game allí todos menos ellas dos. ¿En qué clase de juego siniestro y diabólico habían ido a meterse?

-¿Por qué hace esto? –cuestionó una totalmente compungida Ainhoa.

-Miedo a la muerte física. Ingenuos que sueñan con la vida eterna terrenal.

Asintió con la cabeza Desirée. Pese a no haber conocido el asunto directamente, parecía tener experiencia personal que le permitía intuir de qué iba.

-Elige los cuerpos más bellos que encuentra. Los disfruta y quema en unos pocos años. Drogas, alcohol, excesos de todo tipo… Probablemente envejezca a un ritmo más acelerado que el normal.

Hizo lo propio ahora la morena. Abrió desorbitadamente los ojos la anciana.

-Mi bebé…

Silencio.

-Abortará tan pronto tenga conciencia de que su nueva carcasa contiene una vida gestándose.

-¡Oh Dios mío…!

Rompió a llorar de nuevo. Se acercó Pablo para consolarla, al tiempo que la consternación se hacía evidente también en los otros dos hombres.

-¿Usted –comenzó a preguntar ella cuando pudo reunir el aliento suficiente-… usted podría deshacer el hechizo? ¿Podría devolverme mi cuerpo?

No respondió nada la morena. Tan sólo la observó. Como había hecho todo el rato. Impasible, suficiente…

-Gloria es una de las personas más poderosas del mundo a nivel mágico -lo hizo en su lugar la rubia-. Muy pocos podrían resistirle. Pero no hará nada por ayudarte.

-¿Qué…?

La miró desconcertada. Desconsolada. También Pablo.

-Los adeptos luciferinos nunca se comprometen en una causa que no les afecte directamente, a ellos o a algún ser que sientan especialmente cercano. Gloria ha venido por que yo se lo he pedido. Yo soy el único que en el mundo tiene esa consideración para ella, pero ni siquiera por mí lo haría, a menos que me viera directamente amenazada.

Observó con odio él a la morena. Echando chispas por los ojos, se puso en pie e hizo ademám de avanzar hacia ella, en su mente la intención de forzarla a ayudarles empleando para ello los medios que hicieran falta. Los que hicieran falta.

Se detuvo sobrecogido al punto no obstante. Tras la mujer, por un instante… ¿creyó haber entrevisto otra figura femenina? Una de cabellos rojos como el fuego y belleza aterradora. Más hermosa aun que la bruja mental. Bella como sólo lo espiritual puede llegar a ser. ¿Fue real?

-Siéntate Pablo –le pidió Desirée. Volvió él el rostro para mirarla. Por favor.

¿Qué estaba pasando? ¿Qué aberrante conjunto de influencias diabólicas se estaban dando cita allí?

-Tú no lo entenderías. No se puede juzgar a alguien como Gloria por nuestros patrones. Ella forma ya más parte de otros mundos que de éste. Y cuenta con importantes padrinos en aquéllos. No necesitaría defenderse de tu ataque. Podría perfectamente, pero no lo necesitaría. Antes de haberte aproximado lo suficiente para dañarla habrías caído hecho pedazos.

El horror se podía apreciar de forma evidente en los ojos del hombre. También en los de la mujer.

-Siéntate Pablo. Por favor…

Parecía congelado en el sitio.

-Hazle caso Pablo. –acudió en su rescate Gregorio.

Abatido y sollozante, se dejó caer sobre el sillón.

-Dime Gloria -volvió a lo suyo la rubia-… ¿Es posible que cambie de cuerpo de nuevo? Si encuentra otro más atractivo o que le seduce más, por ejemplo.

Negó ésta con la cabeza.

-No lo creo. Una cosa es poseer un cuerpo. Otra muy distinta debe resultar hacerlo tuyo hasta el punto de poder usarlo como trampolín para pasar a otro. Para ello se requiere una armonización cuerpo-espíritu que sólo semeja coherente lograr tras años habitándolo.

-Pero tú podrías obligarla a volver al que ha usado hasta ahora.

Asintió con la cabeza.

-Luego tenemos que no puede pasar del que ahora posee a otro cuerpo, pero sí volver de éste al que poseía antes.

Volvió a asentir. Quedó pensativa Desirée por unos instantes.

-A menudo existen diferentes maneras de despellejar a un gato.

Alzó la vista la atribulada anciana para mirarla. Todos lo hicieron.

-Será a mi manera.

Quedaron todos perplejos.

-¿De cuánto estás embarazada?

-De dos meses… ¿por qué?

-¿Has venido sufriendo náuseas?

-Sí… las solía tener.

Silencio.

-¿Qué… qué vas a hacer?

Desirée no respondió al punto la pregunta de la anciana, la verde mirada de la bruja clavada sobre la de Ainhoa, las ideas moviéndose y combinándose tras ésta.

-Os va a pedir un informe médico completo –lo hizo la morena en su lugar-, consiguiendo que las miradas se volvieran hacia su persona. También la de Desirée, que acaparó la de ella. Al parecer ambas mujeres tenían la capacidad de comunicarse sin palabras. La rubia parecía reprocharle. No, no era eso. Más bien incomodidad por sentirse predecible ante ella.

-Gloria tiene el desconcertante talento de deducir tus pensamientos a partir de la secuencia lógica que llevan a ellos. Conociendo lo que sabes, deduce la conclusión a que vas a llegar casi antes que tú misma.

Silencio.

-Necesitaré ese informe.

No hizo falta el uso de palabras ni gestos para obtener confirmación.

-También habrá que localizar a esa zorra.

Asintió ahora Quevedo.

-No será difícil. No se llevó demasiado dinero en metálico y las tarjetas ya han sido bloqueadas. La cuenta es conjunta del matrimonio. Pablo puede retirar los fondos de que dispone. Tiene su cuerpo y su documentación Podrá demostrar que es quien dice ser y desbloquearlas, pero las encontrará vacías.

>>Necesitará dinero. Tuve oportunidad de conocer a la chica… es decir…

Asintió Ainhoa para tranquilizarlo ante su atoramiento.

-Era una verdadera belleza. Semejante hembra puede conseguirlo rápidamente trabajando de go-gó en discotecas o de prostituta en los clubes o casas de contactos.

-Oh Dios mío… mi pobre cuerpo…

Se la veía totalmente abatida. Sin casi fuerzas para hablar siquiera.

-Una mujer así no pasa desapercibida. Es de suponer que haya salido de la ciudad, pues aquí quedaría expuesta a una reacción violenta por parte Pablo o los familiares de ella. Es también lo lógico que lo haya hecho en autobús o tren. El conductor que la llevó la recordará sin problemas. No será difícil seguir su pista.

-¿Avión…? –preguntó Gregorio.

-Aun sería mejor para nosotros. El billete aéreo es al portador. Y si se alejó haciendo autostop lo averiguaremos igualmente, aunque en ese caso costará bastante más localizarla.

Asintieron.

-También necesitaremos un doctor y acceso para él a un hospital –prosiguió Desirée- De eso me encargo yo.

Se volvió para encarar de nuevo a la anciana. Acuclillándose frente a ella, casi arrodillada, volvió a tomar sus arrugadas manos entre las tersas suyas de porcelana.

-Vamos a recuperar tu cuerpo Ainhoa. Confía en mí.


Continuará…

*Desirée y Gloria son personajes que con carácter principal o secundario, aparecen en Pasión gótica, Lucifer odia a Satán y Pesadilla, novelas todas ellas autoría de Ana Negra. El relato contiene referencias a hechos, en relación con ellas, que acontecen en Pesadilla.